Comentábamos en nuestra cuenta de Tweeter la publicación del libro Contrapsicología: De las luchas antipsiquiátricas a la psicologización de la cultura, y el interés que despertó en nosotros la lectura de su prólogo. Compilado por Roberto Rodríguez –Profesor de Psicología Social en la Universidad Rey Juan Carlos y autor él mismo de uno de los capítulos más interesantes-,  nos muestra la intrincada relación entre la Psicología y la ideología de nuestros tiempos. Apelando a una base científica en muchas ocasiones cuestionable, la ciencia que estudió al individuo moderno y hoy lo hace con el contemporáneo ha adquirido el don de la ubicuidad. Mucho más allá de la Salud Mental y la Psicoterapia (nuestro campo de trabajo), podemos encontrarnos con un psicólogo en cualquier ámbito: en cárceles y en servicios sociales, en colegios y residencias de ancianos, en empresas y clubes deportivos, ante una catástrofe o una enfermedad como el cáncer, allí habrá un psicólogo para ayudarte. A esta sospechosa profusión. a sus causas y sus consecuencias apunta el texto. Si bien recomendamos la lectura del libro a cualquiera que esté interesado en descubrir los orígenes y el alcance de esta cuestionable “psicologización” que proponen los autores, desde Equipo Oeste queríamos hacer un comentario acerca de esta cuestión desde el punto de vista de la psicoterapia.

Ahora que comienza un nuevo año, uno de los propósitos puede ser buscar ayuda profesional para afrontar algún problema. ¿Por qué no ir al psicólogo? Bien, como profesionales de la Salud Mental, no podemos más que animar a que quien se encuentre con un sufrimiento personal que no termina de poder manejar, consulte, pero, al mismo tiempo, tenemos que mostrar nuestro escepticismo ante algunos de los problemas para los que la psicología pretende tener una solución. De igual forma que, cada vez con más fuerza, se escuchan voces en contra de un uso demasiado alegre de los psicofármacos, podríamos decir lo mismo de la ayuda psicológica. No todo malestar es algo que tiene que ser tratado por un profesional. Entonces, ¿quién decide? Desde instancias profesionales, se han realizado dos movimientos que dirigen la respuesta: el primero, aumentar de forma arbitraria el número de diagnósticos en salud mental (hoy asistimos a la creación de uno nuevo: la CIE 11 considerará como una enfermedad la adicción a los videojuegos), con lo que más personas podrán encajar en uno u otro de estos trastornos. El segundo, obviamente, es ofrecer un tratamiento. En este terreno, la industria farmacéutica y los manuales de psicoterapia y autoayuda van de la mano, pero ni el uso de antidepresivos y ansiolíticos ni de psicoterapias estandarizadas parecen hacer menguar la incidencia de estos problemas, más bien continúa su progresión ascendente.

En esta situación, la persona que sufre tiene difícil el no pensar que la solución a sus problemas pasa por acudir a un técnico que le podrá proporcionar las herramientas para superar su sufrimiento, ya sea en forma de psicofármacos o de alguna suerte de ejercicios mentales. De la misma forma que el psiquiatra prescribe fármacos, el psicólogo le prescribe tareas para casa. En nuestra opinión, hay algo profundamente equivocado en esta forma de manejar el sufrimiento psicológico, empezando por una simplificación que se reviste de ciencia. De nuevo, así como un tipo de psiquiatría reduce los problemas a una cuestión de neurotransmisión, la psicología cognitivo-conductual los reduce a unos patrones erróneos de pensamiento o a un programa de aprendizaje poco adaptatitvo (la visión de las adicciones de estas escuelas es paradigmática en este sentido, de ahí lo ocurrido con la adicción a los videojuegos). Como especialistas de ambas ramas de la Salud Mental (Psiquiatría y Psicología Clínica), desde Equipo Oeste no podemos compartir esto. En nuestra opinión, la complejidad del ser humano no puede ser abarcada con esas herramientas -sin que neguemos su utilidad en determinados momentos- y su sufrimiento, para nuestra desgracia, no siempre es algo que se pueda evitar.

¿Proponemos entonces una especie de estoicismo ante el dolor? No, no siempre, pero entendemos que debemos partir de que la condición humana encierra una parte de sufrimiento inevitable y que compartirlo con profesionales de los que se espera alivio no siempre es la mejor solución. El ejemplo más claro en este sentido es el duelo. Ante una pérdida cercana, cada vez es más difícil no tener a un profesional a tu lado; es más, cada vez es más difícil siquiera pensar que no es necesario tenerlo y que, con el apoyo del entorno próximo y la determinación de seguir adelante, podremos superar ese momento difícil. A volver a este entendimiento -no hace tanto que las cosas eran de otro modo- habría que añadir que, cuando se consulte, lo hagan con especialistas en Salud Mental. Estos profesionales son los que están capacitados parra discernir el alcance de sus problemas -en el sentido de si resulta necesaria su participación- y proponer el mejor tipo de intervención para cada caso.

 

 

 

Equipo Oeste. Gabinete de Psicología Clínica en Boadilla del Monte. Madrid.Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn